ENTREVISTA

Enrique Pinti: "Hago humor político pero nunca he sido muy partidista"

Por Antonela Minniti

El lugar de la entrevista no podía ser otro que el hall de un teatro. Como siempre, Enrique Pinti llega puntual a la sala pero esta vez, antes de dirigirse a su camarín, frena a conversar un rato en exclusiva con VIVO. Fiel a su estilo tiene en la cabeza muchas historias para contar, recuerdos que atesora y que valora conservar aún. "Está bueno cuando sos viejo tener algo de memoria", comenta al pasar.

Actor, humorista, director y dramaturgo, sus primeros recuerdos del teatro se remontan a su más tierna infancia, cuándo tenía tan solo cinco o seis años y siendo un niño iba con sus padres a ver los espectáculos que estaban en cartel. "Empecé a ir al teatro de muy chico con mi papá y mi mamá, veíamos operetas y zarzuelas", cuenta. "La primera vez que me subí a un escenario fue en 1957 cuándo tenía 16 años. Debuté el 13 de noviembre, me acuerdo porque era el cumpleaños de mi primo menor y fue el primer evento familiar que me perdí porque tenía estreno".

Hoy, a los 79 años, las tablas le generan la misma pasión que cuándo era joven, por eso decidió recibir el 2019 con un nuevo espectáculo: Al fondo a la derecha, el último que pague la luz...! (si puede), con el que se presenta de miércoles a domingos en el Multiteatro Comafi.

En Al fondo a la Derecha construye un monólogo inspirado en las charlas de café ¿Cómo nace este espectáculo?

Creo que la mesa de café es típica del Argentino, por eso Polémica en el bar ha tenido tanto éxito en la televisión. La gente se identifica mucho con eso, sobre todo las generaciones más grandes que se sientan en una mesa a debatir sobre lo que pasa y lo que pasó, como si desde allí se pudiese arreglar el país.

En Argentina la política siempre causa discordia, ¿Cómo ha sido para usted hacer humor desde ese lugar?

Es verdad que siempre en donde hay política hay peleas. Analizando más a fondo, lo que yo hago es más que nada humor social, pero al hablar de la sociedad y sus traumas, sus defectos o virtudes, la política salta siempre. Me especializo en este humor satírico social y político, pero nunca he sido muy partidista. Puedo decir las cosas que me gustan y que no me gustan de todo el mundo pero sin que la balanza se incline para un lado o para otro, y a lo mejor esa es la razón por la que no he tenido demasiados problemas.

¿Nunca tuvo miedo de que lo tilden de un lado o del otro de la grieta a la hora de hacer sus monólogos?

No, la verdad es que no. Primero porque nunca me sentí metido en todo eso, y segundo porque a mis 79 años he vivido un motón de grietas en este país. Me extraña mucho que la gente de mi edad o de más de 60 años venga a decir que nunca vio algo así. Cuándo yo era chico mi familia era una bataola. Mi papá era anti peronista a muerte y mi tío peronista a muerte, no había discusiones civilizadas, se querían pero la política hacía que terminen a los gritos. Y esto no pasaba solo en mi familia, el país entero lo vivía. Hubo una época de actores prohibidos, incluso algunos se tuvieron que ir del país: Niní Marshall y Libertad Lamarque porque no eran peronistas, Tita Merello y Hugo del Carril porque sí lo eran. Después vinieron las bombas en el teatro de Nacha Guevara y en el de Norma Aleandro, la amenaza de muerte a Norman Brisky, la bomba en la casa de Guaraní... y de ahí ya pasamos a muertos y desaparecidos. La gente muy joven puede no saberlo, pero que los viejos de mi edad digan 'nunca como ahora', es hacerse los giles. A esta altura a mí las cosas no me sorprenden porque vienen desde hace un montón de tiempo, por eso hago un humor recordatorio. Puedo tirar alguna pálida, pero en mi show te hago ver que no sos un desgraciado por haber nacido en esta época.



Hoy en día hay más conciencia social sobre el trato hacia la mujer, ¿Siente que tuvo que adaptar su humor y reformular algunas cosas?

Sí, por supuesto, sobre todo porque no es solamente un problema de machismo y feminismo sino de marginación. Ese tipo de estupideces, como el chiste de Cacho Castaña sobre la violación, todos lo hemos hecho en escena en algún momento, pero hoy ya no. En mi caso en particular fueron muy pocas cosas que tuve que variar porque mis monólogos son más bien político y sociales, pero la gente que hacía humor machista y ponía a la mujer como un objeto sí tuvo que cambiar. Yo ahora me cuido en los adjetivos que utilizo porque en el pasado, muchas veces por las costumbres y la educación, me salía decir cosas como 'vieja de mierda', por ejemplo. Eso ya no lo digo más, me di cuenta que era una ejemplificación que venía de ese mundo machista en el que estamos, que en realidad estaba hablando de la mentalidad de una persona y que no tenía por qué poner por delante el vieja, primero porque estoy marginando a la vejez y segundo a la mujer. Hay cosas así que fui limando, pero muy puntales, porque en general siempre hablo en plural sin importar el género.

¿Siente que a esta altura de su vida aún sigue aprendiendo?

Sí, por supuesto, siempre se sigue aprendiendo. Cuándo te ponés a pensar un poco encontrás otras formas de expresarte. No es lo mismo decir, 'lo que dijo tal persona es una taradez', que decir 'esa persona es tarada'. Suena diferente, además en definitiva todos decimos taradeces, con 'o', con 'a' o con 'e'. La mujer ha sido siempre muy marginada y maltratada, entonces hay que tener cuidado al hablar, porque además no cuesta nada.

EL PRECURSOR DE UN GÉNERO

Hoy en día el Stand Up es uno de los géneros teatrales más convocantes. ¿Usted se siente un precursor?

Sí, claro. Con Antonio Gasalla, Carlos Perciavalle, Edda Diaz y Susana Rinaldi entre otros somos medio padres de lo que es hoy el Stand Up. El género ya existía en Estados Unidos hace 40 o 50 años atrás, lo hacían Woody Allen y un montón de humoristas que después fueron muy famosos por la televisión y el cine, pero empezaron en pequeños reductos en Nueva York y Los Ángeles. Acá en Argentina realmente creo que nosotros fuimos los iniciadores de esta corriente,

¿Tuvo la posibilidad de ver a las nuevas generaciones en el escenario?

A algunos sí. Vi en sus comienzos a Casero, a Sebastián Wainraich, a Dalia Gutman y a muchos de los que están ahora. También están los otros que se especializan en humor de imitación como el caso de Ariel Tarico, que son una rama aparte. Creo que hay un reguero de gente importantísimo, una camada enorme y muy buena que ya tienen unos 40 años. A los más jóvenes que utilizan YouTube y esas cosas no los he visto porque no tengo redes sociales, por lo que no me entero mucho.

A esta altura de su carrera, ¿Siente que tiene alguna deuda pendiente?

Sí, pero ya es tarde porque hay cosas que no puedo hacer. A mí me gustan las comedias musicales, pero con la diabetes, los riñones, las lumbares, esto y lo otro no puedo caminar mucho ni estar parado demasiado tiempo. Tengo una serie de limitaciones físicas propias de la edad que no me permiten realizar ciertas cosas y me da mucha bronca, pero por suerte me consuela el hecho de que en algún momento lo hice. Reflexionando más en profundidad no serían deudas pendientes sino nostalgia y pena, porque me han ofrecido cosas a las que tengo que decir que no porque no puedo estar una hora parado, cambiando vestuario, entrando y saliendo del escenario... igualmente ya las hice.

¿Se ve en un futuro retirándose de los escenarios?

No, retirarme no es una opción, para nada. Mientras pueda seguir trabajando sentado y venga alguien a escucharme, aquí estaré.

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